Paracaidas


Estoy subido en esta avioneta de doble hélice que sobrevuela a 3.500 metros de altitud el desierto del Sahara.

Me encuentro sentado en uno de los laterales . Junto a mi dos personas mas que como yo tienen adosado a la espalda un paracaídas.

Es mi primer salto. Me he adiestrado durante dos semanas. Me han enseñado todo lo que tengo que saber para hacer mi primer salto. A que altura tengo que desplegar el paracaídas, como tengo que aterrizar… pero estoy muy nervioso.

El sonido de la avioneta se me mete en la cabeza como el zumbido de una avispa acechadora. Se que falta poco para que el instructor habrá la puerta y nos de salida al vació.

El ruido de los motores hace imposible que podamos hablar entre nosotros, no podemos oírnos, solo nos hacemos señales con las manos.

Me indican que yo seré el ultimo en saltar, pues el monitor me ha señalado y me ha mostrado tres dedos de su mano.

Que nervios.

El avión sigue ascendiendo un poco más, creo que estamos a punto de saltar.

Si, se abre la puerta.

Puedo ver el cielo azul de este día tan despejado y tranquilo. El termómetro marca 26 grados centígrados. Viento de 2 km/h del noroeste.

Me pongo en pie.

Salta el primer compañero. Ha desaparecido del avión, en este momento se encuentra cayendo al vacío.

El segundo hace lo propio.

Y el instructor me señala para que avance hasta la compuerta abierta.

Me paro un instante nada mas en el mismo borde de la puerta, miro hacia abajo, veo el inmenso desierto debajo de mi, colores amarillentos, anaranjados.

El instructor apoya su mano contra mi espalda en señal de que debo lanzarme ahora. Cierro los ojos y salto, caigo y caigo…

El sonido de los motores de hélice de la avioneta ha sido sustituido por el ruido ensordecedor del aire pasando por mis oídos.

Por fin logro abrir los ojos, miro hacia arriba y veo a la avioneta pequeña y lejana. Sigo descendiendo a velocidad vertiginosa, intento moverme como me han enseñado, con cuidado para no perder el control de mi cuerpo.

El desierto cada vez más cerca, el amarillo de ese mar de arena cada vez se aproxima mas y mas, ya falta poco para que despliegue mi paracaídas.

Han pasado tan solo seis o siete segundos desde que me lancé desde la avioneta y parece que ha pasado una eternidad. El tiempo y el espacio parecen haberse echo elasticos.

La adrenalina, el vértigo la velocidad… sigo descendiendo.

Debo lanzar ya el paracaídas. Una parte de mi quiere apurar un poco mas este momento, caer y caer, aportan unos gramos de placer indescriptibles a sabiendas de que no me voy a estampar contra el desierto.

Dirijo mi mano hasta la anilla. Creo que han pasado 20 segundos desde que salté del avión. Y parece que llevo bajando media hora.

Tiro de la anilla con todas mis fuerzas. Se abre la mochila que llevo a la espalda y entonces siento un fuerte tirón desde mis hombros que frena mi caída casi en seco, incluso parece que subo en vez de bajar.

Es un momento de incertidumbre. Mis sentidos intentan adaptarse al drástico cambio de velocidad.

Ahora todo es silencio. Planéo con el paracaídas tirando de las cuerdas tal y como me han enseñado. Doy vueltas sobre mi mismo mientras desciendo lentamente o lo que ahora parece lentamente comparado con la caída inicial.

El desierto tiene una belleza singular y visto desde el aire se hace impresionante ver esa inmensa extensión interminable de arena.

Bien, me faltan pocos segundos para tocar tierra (y nunca mejor dicho). Me aproximo rápidamente a la superficie.

Tiro de los controles todo lo atrás que puedo e inclino mi cuerpo también para atrás ,

Tres, dos uno.

Aterrizo como si fuese un pájaro que vuela por primera vez, y me caigo al suelo de cara, ruedo un par de veces mientras el paracaídas aterriza también a su modo, sin orden, sin cuidado.

Nada no me he hecho daño.

Siento calor, el calor del desierto. Miro hacia arriba y veo a la avioneta lejos muy lejos y me parece mentira que hasta hace poco más de un minuto yo estuviese alli, asomado al abismo y a punto de saltar.

Me siento en la arena, me desató de la espalda el paracaídas. Descanso mientras la adrenalina baja, mientras mi pulso se vuelve normal, mientras asimilo la experiencia del salto.

Impresionante sin más.

Santi Ramirez

Enero 2011

2 comentarios:

alvarous dijo...

Estuve escuchando algunos de los cuentos que subiste al itunes, yo escribí una historia de varios cuentos y me gustaría que me pudieras ayudar a publicitarlos.

Secretario dijo...

Cojonuo illo