
Había una vez, en un lugar muy profundo del África más profunda, una tribu muy primitiva .
Eran los Ñarati, su población no superaban las 500 personas. Eran felices, Vivian de lo que cazaban, vestían lo que querían y habitaban en chozas de madera y adobe que les resguardaba del sol durante el día y les mantenía frescos por la noche.
Los Ñarati eran muy organizados y trabajadores, cada uno mantenía una ocupación desde pequeños hasta la edad adulta. Unos se encargaban de cazar para dar sustento a sus familias, otros se organizaban para fabricar las armas de caza, otros eran los encargados de reparar las chozas que estaban en mal estado, las mujeres generalmente se ocupaban de fabricar la ropa que vestían, se trataba de ropa ligera, pues en aquella zona de África hacía siempre mucho calor.
Cada Ñarati se encargaba de una cuestión en general y todos vivían mas o menos felices y contentos, con problemas cotidianos, pero sin más gravedad. Estaban en Paz y nunca se enfrentaban con ninguna otra tribu.
En las aldeas de los Narati, también había médicos, curanderos y un Ñurende por cada población. El Ñurende era el que se encargaba de informar de las cosas que ocurrían en las aldeas vecinas y en los territorios mas lejanos detrás de las montañas donde habitaban otras tribus distintas..
Ellos informaban a viva voz en el medio de las aldeas y los pobladores se reunían a su alrededor con mucho interés para escuchar las noticias de los vecinos de al lado o de las tierras más lejanas de las cuales siempre estaban curiosos por conocer.
Pero, después de muchos años de gran protagonismo para los Ñurende, los aldeanos dejaron de prestarles atención cuando venían a informar, cada vez iban menos y menos habitantes a escucharles, hasta que dejaron de asistir a las escuchas informativas y los Ñurende se vieron abocados a la soledad.
Se convocó una reunión de urgencia entre todos los Ñurende. Se trataba de un número reducido de estos, ya que la escasa audiencia había obligado a algunos de ellos a cambiar de ocupación.
Ya quedaron atrás los tiempos en que los aldeanos premiaban a los Ñurende una vez finalizado el tiempo de noticias, con presentes y comida, ahora estaban en pleno declive.
Se celebró la tan esperada reunión y de ella salieron distintos acuerdos que se podrían en marcha de inmediato para poder recobrar la fama de la que antaño tanto disfrutaron.
Al día siguiente el primer Ñurende se presentó en la primera aldea Ñarati y a viva voz en medio de la plaza del pueblo comenzó a relatar sus noticias.
- ¡Queridos Ñarati! , el mal se viene sobre nosotros, una gran enfermedad ha infectado a los animales que cazáis, y si los coméis , a buen seguro que vais a morir de inmediato –
Los Ñarati, fueron corriendo a escuchar al pregonero que tan malas noticias estaba dando, toda la aldea escuchaba con atención aquellas noticias tan dramáticas.
Aquellos informadores habían logrado atraer de nuevo la atención de los pobladores, si, a costa de inventarse noticias, pero había atraído a esa gente y de igual manera sus favores y presentes. Descubrieron una nueva vía de atracción.
La gente hablaba y hablaba sobre la noticia que acababan de escuchar. Los Ñarati no salían al campo a cazar, tampoco abandonaban la aldea por si se encontraban con algún animal y este les contagiase la grave enfermedad de la cual todo el mundo hablaba.
Solo comían frutos de sus huertas. La gente empezó a sentirse triste pues no podían salir de sus poblaciones y perdieron la vitalidad de la que antaño disfrutaban.
La crisis de la caza como la llamaron, dejó a muchos cazadores sin oficio y sin saber que hacer, pues solo habían realizado aquel trabajo durante toda su vida y ahora no tenían ocupación.
A los pocos días se escuchó de nuevo la voz de los informadores en las aldeas. Los habitantes esperaban con ansia a los informadores, por ver si había pasado la enfermedad y se encontraban de nuevo con buenas noticias.
- Habitantes Ñarati, tengo que deciros que la enfermedad de los animales ha sido traspasada a los frutos y hortalizas que coméis, así pues se recomienda a toda la población que nadie coma nada de las huertas.
Los pregoneros Ñurende ahora disfrutaban de la fama, vivían en la nube gracias a toda la audiencia en pleno de la población Ñarati, una audiencia que estaban ganando a costa de las mentiras que se inventaban y que tanto daño estaban produciendo a la población.
Los Ñarati, no comian carne, pues no podían cazar a causa de la crisis de la caza y ahora tampoco podían comer frutos ni hortalizas por motivo de la crisis de las huertas, solo se alimentaban de pan y agua.
Cada vez más delgados y alicaídos, los Ñarati habían caído en desgracia, todos los que antaño cazaban, o trabajaban en huertas, ahora vagaban por las calles de las aldeas sin saber que hacer. Los Ñarati estaban en crisis.
Los voceros, los que propagaban las falsas noticias, estaban muy contentos, pues ahora vivían en la abundancia gracias a la gran audiencia de la que disfrutaban y tenían al pueblo expectantes de noticias, por ver si la situación mejoraba.
- Habitantes Ñarati, no salgáis de vuestras casas, el mal esta en el aire, la enfermedad se contagia en todas partes, no salgáis, no salgáis.
Todos los habitantes se recluyeron en casa, pues el miedo a contagiarse de aquella enfermedad y morir, le había hecho quedarse en el interior de sus hogares.
Era el fin.
Tuvieron que pasar miles de años para que unos exploradores hallaran los restos de una pequeña civilización en el centro de Africa.
Aquella civilización parecía estar en cierta medida avanzada, tenían herramientas, lanzas, armas, vasijas, y dibujos, y se extinguieron de repente.
Se podría decir, que los Ñarati murieron de miedo, de sus propios miedos inventados.
Santi Ramirez
Enero 2011-01-08
0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada