
A los 34 años Stefan tenia toda la vida por delante, ilusiones y una carrera prometedora como ingeniero naval, pues se encontraba cursando los estudios para tal oficio.
Una tarde mientras caminaba en dirección a su casa, un coche de policía se detuvo a su lado, al tiempo que dos agentes se bajaban del vehículo y llamaban la atención de Stefan pronunciando su nombre.
- Nos tiene que acompañar.
Stefan, desconcertado y sin recibir respuesta subió al coche patrulla.
Fue acusado y condenado por el asesinato de una mujer. El Juez dijo 40 años. Una mujer que murió a manos de otra persona, de otra persona que se asemejaba mucho a Stefan…
Al no tener familia, nadie pudo ayudarle ni moral ni económicamente, se encontraba solo y a su suerte.
El primer año en la cárcel fue el peor.
La integración era muy difícil. Hay que tener en cuenta que se encontraba junto a gente muy peligrosa, asesinos, violadores, estafadores, delincuentes reincidentes, traficantes de droga y todo aquel despojo que la sociedad apartaba al interior de esos muros y Stefan era una pieza que no encajaba allí.
El segundo y tercer año fueron algo mejores. Comenzó a hacer amistades y continuó estudiando su carrera como ingeniero, la cual terminó y posteriormente dedicó su tiempo a escribir sus vivencias en la cárcel.
Pasados los primeros 20 años en prisión, se había perdido por completo la esperanza de un juicio justo y de una pronta salida a la libertad. Así pues, a Stefan no le quedó otra que asumir el cumplimiento integro de la condena, de la cual aun restaban 20 años más.
Fue confeccionando unos prometedores planes de futuro para cuando saliese de la carcel. Se imaginaba como sería su vida alli fuera, conocería una mujer, se casaría y seguramente tendría varios hijos .
Pero todo eran sueños y fabulaciones, ¿Quién querría casarse con un viejo de 64 años? Se preguntaba Stefan. Aunque, no se sabe, para el amor no existe la edad.
Al cumplir los 30 años de condena, se dio cuenta de que casí había pasado más tiempo allí dentro que fuera de la carcel. Sus compañeros se habían convertido en su familia y muchos de ellos eran sus confesores sin los cuales no habría podido resistir todos esos años.
El tiempo pasó.
Y el esperado día llegó.
- Stefan, prepara todas tus cosas – Dijo el guardia de turno – Ya tienen lista la documentación y en una hora podrás salir.
Con su mochila al hombro, Stefan, con 64 años cruzó aquella puerta, después de haber pasado media vida allí dentro.
De repente se giró sobre sus pasos y miro la fachada de la cárcel, y rompió a llorar.
Stefan lloraba, pero lloraba de pena, pues allí dentro había dejado amigos, habia dejado malos y buenos momentos, pero sobre todo había dejado una vida.
Ahora se enfrentaba a otra cárcel en la que no sabía desenvolverse, la soledad.
Santi Ramirez
Enero 2011
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