
Todos los días igual. De arriba para abajo de abajo hacia arriba. ¡ que vida tan rutinaria era la de aquel espejo situado en la pared de aquel ascensor!
Durante muchos años había repetido la misma ruta junto a su inseparable elevador: del bajo al 1º, del 1º al bajo, del bajo al 8º, del 7º al 5º del 3º al 1º, incansablemente aquel espejo viajaba todos los días sin cesar y reflejaba casi siempre lo mismo: la vecina del
Todos, todos, todos se miraban siempre en aquel espejo de cuerpo entero situado en una de las paredes de aquel viejo ascensor. Aquel espejo era testigo de muchas cosas y de otras más que no podría contar y se guardaba para sí… y un día se hartó de reflejar.
Se cansó de que todos quisieran mirarse en el, y nadie valorase realmente lo que el valía, bueno, todos no , pues la señora de la limpieza lo trataba muy bien sacándole brillo todas las mañanas, pero el resto, no , el resto no le hacía ni caso y no se daban cuenta de lo importante que el era para ellos.
Así pues, un día decidió no reflejar, si, si, no reflejar a nada ni a nadie más, de tal manera que se fue poniendo cada día mas oscuro, mas oscuro hasta que al cabo de una semana estaba completamente negro.
Los vecinos se quejaban y hablaban muy extrañados sobre el asunto del ascensor y su cambiante espejo.
- ¿Qué le pasa al espejo? Decían unos
- ¿Por qué estará de color negro? Decían otros
- No me puedo ajustar la corbata -decía alguien
- Quería terminar de peinarme en el ascensor, pero el dicho espejo
Esta negro, ¡negro!
El espejo reía por dentro, y se dijo para sí:
- Ya esta, por fin valoráis mi presencia, por fin me tenéis en cuenta o os dais cuenta de lo que sirvo.
A los pocos días fue celebrada una reunión extraordinaria a propuesta de los vecinos a cargo del dichoso tema del espejo del ascensor que tan negro se había puesto.
- Entonces que da aprobada por unanimidad sustituir el viejo espejo por uno nuevo. Dijo el presidente de la comunidad.
El espejo, que tan atento estaba a lo que se decía en la reunión y ante aquellas palabras penso:
- No , ¡no! No puede ser, yo no quiero que me quiten de aquí y me destruyan, yo solo quería que me valorasen y supieran lo que valgo.
El espejo, poco a poco fue tornando a su color original, pero ya era tarde, pues justamente en el preciso momento en el que el espejo recobro su anterior y esplendoroso aspecto, llegaron los cristaleros con el nuevo sustituto.
- Bueno, vamos a quitar este viejo espejo y ponemos el nuevo… pero, si este espejo parece que esta bien y no lo pasa nada. – Dijo uno de los operarios a su compañero
- Tu tranquilo, nos han dicho que lo cambiemos y eso es lo que vamos a hacer.
El espejo gritaba por dentro, pero claro está, nadie podía oirle.
- Por favor, no me quiten de aquí – imploraba – llevo tantos años con mis queridos vecinos, que no quiero irme, ¡no por favor!.
De repente, bajó el niño del 2ºA por las escaleras, si , aquel que tantas veces le había plantado encima sus manos, y pudo ver como los cristaleros se disponían a cambiar el espejo del ascensor.
El niño se dio cuenta de que el espejo mágicamente había vuelto a su ser y ya no estaba de color negro. Corriendo fue a llamar a su madre para contarselo.
En un momento se juntaron varios vecinos para comprobar de primera mano aquel echo tan sorprendente.
- Es increíble, pero si ayer el espejo era completamente negro ¿Cómo puede ser? Dijo uno de los vecinos
- Es un milagro dijo la vecina del 4ºA
En ese momento apareció el presidente de la comunidad, el cual les dijo a los cristaleros que por el momento no quitaran aquel espejo, pues sin saber como se había arreglado.
Aquel espejo era de todos los vecinos, era querido por ellos, y se encontraba nuevamente en uso.
El espejo, agradecido de su suerte continuó felizmente anclado en aquel ascensor para arriba y para abajo, reflejando la vida de sus vecinos a diario.
Prometió no quejarse jamás, pues se dio cuenta de que aquellas personas aunque no lo dijeran, le querían y lo necesitaban, por eso lo valoraban como un vecino más.
Santi Ramirez
20/11/2010
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