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Había una vez un hombre muy pobre muy pobre, que no tenía casa, no tenía más ropa que la que llevaba puesta y casi no tenia que llevarse a la boca.
Un día, arto de la ciudad, decidió irse al campo, para ver si allí su suerte le acompañaba y conseguía algo de comer y un lugar donde poder cobijarse. Tomo la primera carretera que se encontró y después de andar durante un día entero llegó a un camino más pequeño y sin asfaltar.
Continuó hasta que sus piernas se quejaron y no le quedó más remedio que sentarse a la orilla de aquella senda.
Descanso al menos durante tres horas y permaneció en silencio durante otras tres y llegó a una conclusión: aquí me quedaré
A unos diez metros de la carretera, trazó un gran cuadrado y dijo, “aquí construiré mi casa” , dibujo las habitaciones, el salón , la cocina y el baño, hasta pensó en dibujar un garaje con un coche y todo, pero eso lo dejó para otro día.
Dibujó un huerto, dibujó un pozo para con su agua poder regar las frutas y hortalizas que plantaría en su fértil campo…
Pero todo esto no era más que imaginación. Ni siquiera tenía para comer ese día.. Que podía hacer.
De pronto recordó que alguien una vez en la ciudad le había regalado una hoja de papel en blanco y un lápiz y le dijo: “no te puedo dar dinero, pues yo también soy pobre, pero te daré un lápiz y una hoja, utilízalo bien, pues algún día te sacará de tu pobreza.”
Busco en su bolsa el papel y el bolígrafo y durante un largo rato pasó observando aquella hoja en blanco y no supo que hacer, y de repente cortó el papel por la mitad y dibujó algo, dibujó una zanahoria y unos tomates y encima de estos puso “Venta de tomates y zanahorias de huerta”. Se guardó la otra mitad del papel en uno de sus bolsillos por si otro día le hacia falta.
No sabía que es lo que iba a suceder después, ni que es lo que aquello le iba a deparar, salió al camino con el papel en la mano, lo levantó por encima de su cabeza y esperó a que pasara algún coche.
Al rato paso un vehículo y paró a la orilla del camino, muy cerca de nuestro amigo.
Entonces su imaginación se disparó, su hambre y necesidad hicieron el resto.
“Hola señor, buenos días, he visto su cartel ¿me vende UD. un kilo de tomates y otro de zanahorias?”
“O vaya, cuanto lo siento, acabo de vender los ultimo que me quedaban, pero como son los mejores de la zona, todos mis clientes me están haciendo pedidos para la semana que viene, si Ud. quiere le reservo un kilo de tomates y otro de zanahorias que incluso a lo mejor se los puedo tener para mañana directamente de mi huerto”.
“Si por favor, resérvemelos,… mejor se los dejo pagados y todo, así no me veré sin ellos, pasaré mañana por la tarde a recogerlos.
Aquel hombre pobre tenia en sus manos un dinero que no había visto junto desde hacia muuucho tiempo, pensó en comprar comida y almorzar de inmediato, pero… se dio cuenta de que había mentido a aquella persona, pues no solo no tenia tomates ni zanahorias, si no que no las tendría para el día siguiente tampoco.
Pero… de repente pensó que aquello podría cambiar, y se lanzó de momento al pueblo más cercano.
Allí encontró un mercado donde compró un kilo de zanahorias y un kilo de tomates, y le sobró dinero para comprarse unos cuantos tomates y zanahorias que saciarían el hambre que tanto le apretaba durante el medio día.
Volvió al camino, a su vivienda imaginaría, a su huerto dibujado y allí merendó sus tomates y zanahorias y dejo en una bolsa el pedido de aquella persona, pues no quería engañar a nadie y le entregaría lo que le habían comprado puntualmente… aunque no fuese de su huerto… pero… aquello podría cambiar.
De repente se dio cuenta de que le habían sobrado unas pepitas de los tomates que se acababa de comer y unas hojas de zanahoria. Se pudo manos a la obra.. Allí donde había dibujado su huerto, trabajó la tierra y planto las semillas de tomates y zanahorias.
A causa de tanto esfuerzo cayo desfallecido junto a su huerto y paso la noche durmiendo felizmente.
Cuando despertó no sabia si se encontraba en sueños todavía, pues a su lado, donde había imaginado un huerto, había enormes matas de tomates y plantaciones enteras de zanahorias.
No sabia que hacer, si llorar o saltar, e hizo ambas cosas en medio del camino, saltaba de alegría y lloraba de felicidad.
Así que se propuso vender todas aquellas zanahorias y tomates y enseguida salió al camino con su papel en el que ponía “Venta de tomates y zanahorias” y no pasó mucho tiempo hasta que empezaron a parar coches y la gente compraba y compraba tomates y mas tomates, zanahorias y más zanahorias.
Hasta tubo que plantar mas y mas tomates y mas y mas zanahorias para poder atender a todos sus clientes, en menos de un mes había juntado un dinero para poder construirse su casa y así lo hizo, tal como figuraba en el suelo, tal y como se lo había imaginado, y como la había dibujado, construyó una casa con dos habitaciones, salón, baño y cocina para el solo, su sueño se había cumplido.
A los pocos meses...
Al borde del camino, había un cartel luminoso con una flecha que indicaba en grande y en muchos colores “Venta de Tomates y Zanahorias El Pobre”, y desde ahí se podía ver una casa humilde preparada para la venta de hortalizas tras la cual se situaba un enorme huerto en el que crecían siempre frescas aquellas zanahorias y tomates que tantas alegrías habían aportado a nuestro amigo ya no tan pobre.
Un día pasó por allí un señor, que tras franquear la puerta de la tienda le dijo.
“Buenos días amigo, ¿te acuerdas de mi?”
“Si claro… tu eres... Tu eres, si, eres tu aquel hombre que en la ciudad me dio el papel y el bolígrafo y…. ¿Qué haces aquí?, ¿Cómo me has encontrado?”
“Casualidad, pues nada, me alegro que te haya ido bien, veo que utilizaste inteligentemente el papel que te di, pero… si no me equivoco solo utilizaste la mitad de ese papel, así pues que he venido a que me des la otra mitad, pues se trata de un papel muy importante y es posible que pueda ayudar a otra persona que lo necesite.”
“De ninguna manera, ese papel es mió y no te lo voy a devolver, ya que tu me lo regalaste y es mió y nadie mas lo va a usar por mi, gracias a ese papel ya no soy pobre y puedo comer todos los días y no te lo voy a dar así como así.”
“¿Estas seguro de que no quieres ayudar a otras personas que lo necesiten?”
“Te he dicho que no, fuera de mi tienda, fuera, fuera”
Aquel señor se marchó con un aire de decepción y tristeza.
Nuestro amigo el pobre, ya no tan pobre, llegó al final del día con una muy buena recaudación, había vendido más tomates y zanahorias que nunca.
“Que bien, mañana iré a comprarme ese coche que he visto por la televisión, tan grande, tan bonito, tan lujoso… así que nada, a dormir que mañana veré cumplido otro de mis sueños.”
A la mañana siguiente despertó, y lo hizo a diez metros del camino, en el suelo, sin tomates, sin zanahorias, sin tienda ni casa, sin coche.
“Pero… pero, que ha pasado, pero si lo tenia todo, pero, nooooooooooooooo, nooooooooooooo.”
El pobre estaba seguro de que no lo había soñado, de que todo aquello le había pasado durante los últimos meses, pero, … miro su bolsillo derecho y vio el papel con el que se había lanzado el primer día al camino, y en su bolsillo izquierdo estaba la otra mitad del papel, el trozo que le sobró y el mismo que aquel individuo le había reclamado para si. Lo abrió y comprobó que había escritas unas palabras…
Este papel es mió, a nadie se lo he de entregar y pido se rompan todos mis sueños si me niego a otros a ayudar.
Santiago Ramírez Cruz
18/10/2010
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